La insulina y el ejercicio físico

¿Qué es la insulina?

La insulina es una hormona secretada por las Células β de los islotes de Langerhans en el páncreas endocrino. Posee un efecto anabólico y anticatalítico y va a llevar a cabo acciones no sólo en el metabolismo de los glúcidos, sino también en el de los lípidos y proteínas.  En cuanto a los glúcidos, la insulina favorece el uso de la glucosa como combustible metabólico, aumentando la captación de glucosa por parte de las células.

De hecho, niveles altos de glucosa en sangre favorecen la secreción de insulina, la cual provocará la disminución de la glucemia, haciendo que cese la liberación de insulina (feedback negativo). Más concretamente, la insulina inhibe la secreción de glucagón, que es una hormona secretada en las Células α del páncreas. Al ser una hormona anabólica, la insulina también favorece la lipogénesis (síntesis de lípidos) y la síntesis de proteínas (con este anabolismo proteico se fomenta la recuperación de los tejidos y estructuras dañadas).

¿Cómo actúa la insulina durante el ejercicio físico?

Cuando llevamos a cabo un esfuerzo o realizamos ejercicio, la glucosa debe ser utilizada por nuestros músculos para la obtención de energía. Por ello, deben favorecerse dos procesos: la glucogenólisis y la gluconeogénesis. La acción de la insulina es contraria a estos dos procesos, por lo que esta hormona estará disminuida ante periodos de ejercicio. En contraposición, aumentará la secreción de las llamadas hormonas contrainsulares, cuya función será la de elevar la glucemia. Dichas hormonas son: glucagón, cortisol, adrenalina y noradrenalina. Estas hormonas aumentan durante el ejercicio incrementando la glucogenólisis1. De la misma manera, por acción del cortisol, se verá aumentado el catabolismo proteico para poner los aminoácidos liberados al servicio de la gluconeogénesis.

Además, la realización regular de ejercicio hará que aumente la sensibilidad a la insulina, provocando una necesidad de menores cantidades de insulinemia (insulina en sangre) para el control de la glucemia.

Para que la glucosa pueda penetrar en las células ante niveles bajos de insulina, por la contracción muscular se estimula una vía no insulinodependiente que estimula el transporte de glucosa al interior celular (quinasas activadas por 5`AMP)1. Y es que dichas contracciones musculares activan la AMPK, que no solo actúa en el transporte de la glucosa, sino que también se encarga de aumentar la oxidación de los ácidos grasos, favoreciendo la entrada de estos en la mitocondria1. Por otro lado, las CaMK, independientes de la señalización de AMPK, también regulan el transporte de la glucosa1.

¿Cómo actúa la insulina durante el reposo?

Durante el reposo pueden darse varias situaciones:

  • Situación postprandial: Después de la ingesta de hidratos de carbono y su posterior absorción, se verá elevada la glucemia. Como ya se ha visto, esta elevación de glucosa favorecerá la liberación de insulina, que a su vez hará que las células capten dicha glucosa (transportadores GLUT 4). Esto favorece la creación y almacenamiento de glucógeno (hígado y músculo) y triacilgliceroles (tejido adiposo principalmente)1.
  • Situación basal: pasadas varias horas desde la última ingesta, la oxidación constante de la glucosa por parte de los tejidos y la consecuente disminución de la glucemia activa la secreción de glucagón, inhibiendo la liberación de insulina1.

¿Qué pasa con la insulina por parte de deportistas con diabetes?

En cuanto al uso de la insulina por parte de los deportistas con diabetes, habría que diferenciar dos situaciones: si se trata de DMI o de DMII. La mayoría de estudios que hablan de la relación entre insulina y ejercicio físico tratan, como es lógico, de pacientes que presentan DMI, la cual requiere siempre de insulinoterapia. Por otro lado, dado que una gran parte de los pacientes con DMII se tratan con antidiabéticos orales y debido a la naturaleza de esta patología y a las edades a las que se da, los estudios en este tipo de pacientes y la relación insulina/ejercicio es más escasa.

Como respecto a la DMI, cabría destacar un estudio aleatorizado publicado en la revista científica Diabetes, Obesity and Metabolism, titulado: Insulin-based strategies to prevent hypoglycaemia during and after exercise in adult patients with type 1 diabetes on pump therapy: the DIABRASPORT randomized study2. Dicho estudio fue llevado a cabo en adultos con DMI para detectar qué estrategias con respecto a la dosis de insulina podrían prevenir los episodios de hipoglucemia durante y después del ejercicio en pacientes con bombas de insulina. Lo que se vio fue que, sin suplementos o ingesta de carbohidratos, para limitar el riesgo de hipoglucemia tras 30 minutos de ejercicio (y tras 3 horas de la última ingesta) se podría:

  • Reducir la dosis de insulina basal en un 80%.
  • Detener la bomba de insulina para ejercicios moderados o intensos.

Si se realizan ejercicios moderados 90 minutos después de la última ingesta, también se podría reducir el bolo prandial en lugar de la dosis basal de insulina.

Hablemos de otro ensayo…

En contraposición, en un ensayo cruzado aleatorizado publicado por la revista Diabetologia en 20163, se vio que en aquellos participantes que tenían una glucemia por debajo de los niveles normales antes del ejercicio, la hipoglucemia posterior no se previno por la reducción de la tasa basal de insulina. De ahí que los autores no sólo recomienden reducir la dosis de insulina basal, sino que también estén a favor de la suplementación con hidratos de carbono para prevenir la hipoglucemia inducida por el ejercicio.

Siguiendo con el ejercicio y la diabetes, sobre todo la diabetes mellitus tipo 2 (al tratarse de una enfermedad relacionada con la resistencia a la insulina y no con factores de naturaleza autoinmune), también conviene saber que el ejercicio regular ayuda a la sensibilización de las células hacia la insulina mediante el reclutamiento de pequeños vasos de la vasculatura muscular, con el consiguiente aumento de la llegada de insulina a las células musculares4.

Y es que el entrenamiento físico aumenta la captación de glucosa mediada por insulina tanto en individuos sanos como en personas con resistencia a la insulina y con diabetes mellitus tipo 24,5. Esto ocurre sobre todo en la musculatura esquelética, donde se produce un aumento del transporte de glucosa a los miocitos y un incremento de sistema glucolítico y oxidativo4,5. Además, la capacidad del organismo para sintetizar glucógeno aumenta con el entrenamiento físico5.

¿Qué pasa con el uso cuestionable de la insulina en el ámbito deportivo en personas no diabéticas?

Desgraciadamente, el uso no terapéutico de hormonas está ganando adeptos en el mundo de la estética y el culturismo. Hormonas como la GH o la insulina son usadas, sin control médico alguno, por su efecto anabolizante. En el caso de la insulina, esta suele utilizarse antes del ejercicio y tras la ingesta de altas cantidades de hidratos de carbono, buscando efectos de hipertrofia muscular. Lo peor de todo es que la obtención de insulina y otras hormonas peptídicas para usos indebidos en las farmacias podría ser más fácil de lo que se piensa.

Y es que estas sustancias sólo deberían ser usadas por aquellas personas que presenten una prescripción médica. Y es que no sólo nos enfrentamos al uso ilegal o ilícito de las mismas, es que pueden llegar a ser mortales6. Por todo ello, si el objetivo de alguien es la hipertrofia muscular, primero debería asesorarse bien o, a ser posible, ponerse en manos de profesionales que puedan guiarle y optimizar sus resultados. De esta manera, el profesional tendría en cuenta la nutrición, el entrenamiento, el descanso, la suplementación, etc.

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Bibliografía

  1. Universidad Isabel I. GNHYD. Nutrición y dietética deportiva. Unidad didáctica I. Fisiología del ejercicio, bioenergética, bioquímica aplicada a la nutrición deportiva Burgos: Universidad Isabel I; 2017
  2. Franc S et al. Insulin-based strategies to prevent hypoglycaemia during and after exercise in adult patients with type 1 diabetes on pump therapy: the DIABRASPORT randomized study. Diabetes Obes Metab. 2015 Dec;17(12):1150-7.
  3. McAuley S A et al. Insulin pump basal adjustment for exercise in type 1 diabetes: a randomised crossover study. Diabetologia. 2016 Aug;59(8):1636-44.
  4. Zheng C, Liu Z. Vascular function, insulin action, and exercise: an intricate interplay. Trends Endocrinol Metab. 2015 Jun;26(6):297-304.
  5. Dela F, Prats C, Helge JW. Exercise interventions to prevent and manage type 2 diabetes: physiological mechanisms. Med Sport Sci. 2014;60:36-47.
  6. Estrada Martínez M, Fernández Regueiro R, Estrada Menéndez C, García Estrada G. Autoadministración de insulina en deportistas no diabético. Revista Clínica de Medicina de Familia, vol. 9, núm. 2, 2016, pp. 136-137. Sociedad Castellano-Manchega de Medicina de Familia y Comunitaria. Albacete, España.